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Storytelling BLEU

Desde el Camino De Santiago, durante años, estuve trabajando en mi, tomé decisiones importantes, empecé a estrechar mi círculo de amistades que aunque siempre estuvieron ahí yo sentía que ya no vibraba en la misma frecuencia y tenía intereses diferentes, yo era diferente. Empecé a pasar mucho tiempo sola, a leer mucho sobre atuayuda y psicología positiva, a hacerme preguntas y a cuestionarme muchas creencias con las que había crecido. Me atormentaba pensando y castigándome por sentir ser diferente, por no haber encontrado pareja en ese grupo de amigos o en el pueblo, por no haber seguido en un puesto de trabajo estable, por sentir esa culpa de no seguir ciertos patrones familiares, por sentirme como una rebelde inconformista, por pensar diferente y sin entender mucho porque de alguna manera tendía a salirme del sistema y querer vivir fuera de la caja.

Poco después llegó el COVID, y no necesitaba excusa para estar en esa soledad elegida, porque resulta que estar sola o en ese proceso de búsqueda es como que da vergüenza, como que no está bien visto, no estaba tan normalizado. Por lo menos no en mi entorno. Tuve momentos duros, porque no es fácil mirar hacia dentro y enfrentarte a miedos, inseguridades y barreras, las que una misma se impone y las que se encuentra impuestas por la sociedad.

Paso a paso, al mismo tiempo que yo iba evolucionando, era como si el universo me acompañara y conspirara a mi favor en forma de personas o experiencias como señales de que estaba en el camino correcto. Durante estos años conocí a personas que me enseñaron y me guiaron durante este proceso, de muchas enseñanzas era consciente al momento y de otras las comprendí con el tiempo.

 

Una de estas personas fue Rubén, lo conocí a través de otra persona que rompió muchas creencias que tenía sobre las relaciones y los vínculos con los demás y con el entorno. En aquel entonces no sólo estaba pasando por una crisis existencial, también por un bloqueo creativo y falta de autoestima. O quizás sea todo parte de lo mismo. La cuestión es que me invitó a formar parte de un cortometraje sobre el medio ambiente, y con la mera intención de ayudar dije que si.

Recuerdo la sensación que tuve al añadirme en un grupo de whatsapp con fotógrafos y videográficos tops, una actriz para el corto, un creador de contenido al que admiraba por su trabajo y su forma de vida…. La sensación fue de sentirme super pequeña y preguntarme qué podría aportar yo allí. Pero a pesar del miedo y la inseguridad este podría ser el primer fruto de todo el trabajo de esos años, el hacerlo a pesar del miedo.

En las primeras grabaciones, esa parte creativa que habita en mí ya estaba despierta, había vuelto, supongo que aveces sólo necesitas que alguien confíe en ti, o que tú confíes en ti. De repente sí que había un lugar para mí en este proyecto en el que sentirme realizada y recuperar la ilusión. El rol de cuidar, de cuidar las personas, los detalles, aportar ideas, ser resolutiva, el compromiso y el involucrarse con lo que una hace.

Después de tanto tiempo “sola”, socializando poco y con pocas personas y aunque viviendo nuevas experiencias gratificantes, pase de sentirme sola a querer estar sola, como si se me hubiese olvidado el como socializar. Me había vuelto un poquito más selecta y le daba valor a mi tiempo, a mis pensamientos y mi entorno.

Aquí me sentía bien, tenía un propósito, me rodeaba de personas que me inspiraban que me hacían crecer y de alguna manera Bleu también fue un salvavidas, porque me devolvió las ganas de crear y sobre todo me permitió descubrir mi conexión con el mar.

Está experiencía fue clave en el aspecto personal, pero tiene mucho que ver con lo que hoy es ēterfly. Formar parte de este cortometraje también me ayudó a conocer más y mejor una problemática que quizás parezca invisible a primera vista, la contaminación marina especialmente por plásticos.

Para nosotros era un simulacro en el que la protagonista llegaba a una playa llena de plásticos y residuos que cuidadosamente habíamos atado con hilo, mi función era entrar con un kayak cuidando la posición de cada plástico y protegiendo el mar, y viéndome allí fui consciente de que también pasa en la realidad, de que millones de plásticos acaban en mitad del océano y las consecuencias afectan a las vidas marinas y a su equilibrio.

Esto me llegó de tal manera que me puse a indagar, me obsesioné con recopilar información sobre cómo cuidar el medio ambiente, la problemática y soluciones posibles, como llegan los plásticos al mar, cuánto tardan en descomponerse, el ciclo de los envases, cómo funciona el sistema de reciclaje, quien hay detrás, ecoembes, greenpeace y toda esta investigación me introdujo al mundo de la sostenibilidad y nuestra huella en el planeta.

Y fue entonces cuando di con el concepto de economía circular, los pescadores recuperan residuos del mar, los depositan en contenedores, se seleccionan y reciclan el material pet obteniendo hilo para hacer tejidos.. Convierten el residuo en materia prima.

A mi este proceso me dejó fascinada, sentí admiración absoluta y no sabía cómo pero yo quería formar parte de esto, aportar algo, hacer algo grande, hacer el bien. De esta manera descubrí una marca pionera en esto, Ecoalf y también estuve indagando y leyendo sobre su fundador, sus inicios, su trayectoria y guau! Desde la admiración y la inspiración que me transmitió, vi en la moda un canal de comunicación más atractivo visualmente para transmitir y una alternativa a la forma de producir y consumir siendo la industria textil una de las más contaminantes del planeta. Una forma de agradecer al planeta todo lo que el nos brinda, una nueva forma de pensar, de vestir y en consecuencia de vivir en general.