Ir al contenido principal

Storytelling CEREMONIA CACAO

Bien, el Camino de Santiago me había hecho ver que hay mucho mundo por explorar y muchas personas por descubrir fuera de nuestra zona de confort, y que otras muchas mujeres podían sentirse como yo, sentir que no encajan en su entorno y esa necesidad latente de pertenecer a un grupo. Esta fue la primera semillita: crear un espacio para que ninguna mujer se sienta sola ni se quede con las ganas de hacer planes por no tener con quién hacerlos. Aunque no tenía ni idea de cómo hacerlo, tenía esa ilusión de conocer gente y ayudar a otras mujeres, pero como un puzle sin formar, piezas sueltas que se irían ordenando con el tiempo.

Sabía de lo que hablaba porque yo estaba pasando por ese mismo proceso; al ayudarlas a ellas me ayudaría a mí. De hecho, la primera quedada fue porque yo quería hacer una ruta de agua y no tenía con quién. Lo compartí en mis redes sociales y, cuando me di cuenta, éramos unas 12 mujeres, muchas que no conocía, pero que llegaron a través de terceras personas y confiaron en mí para ser guía y vivir esta experiencia. Una experiencia increíble que me hizo sentir realizada y orgullosa al ver a otras chicas atreviéndose a salir de su zona de confort, hacer algo diferente y disfrutar rodeadas de otras mujeres que parecía que ya conocías de antes.

Por otro lado, el cortometraje de Bleu me hizo ser consciente del problema medioambiental, darme cuenta de que quería ayudar al planeta de alguna forma, concienciar a través de la moda sostenible, una alternativa a la fast fashion, a la forma de consumir y desechar la ropa.

Pero ¿Cómo podía conectar una cosa con la otra? ¿Cómo podía encontrar coherencia entre mujeres, sentido de pertenencia, ayudar al planeta, prendas sostenibles…? La industria textil es muy competente y no era cuestión de lanzar una marca de ropa sin más.

Faltaba esta pieza en el puzle y todo cobró sentido después de la ceremonia del cacao. Poco después del corto, tuve la oportunidad de conocer a Whispers y Bamboo; ella es una de esas almas que te transmiten paz y en las que ves reflejo por su conexión con la Madre Tierra. Compartimos una ceremonia de cacao, un círculo de conexión y el compartir con otras personas mientras, a través de su voz, nos guiaba durante una meditación para conectar con los cuatro elementos.

Recuerdo que hacía mucho aire. El encuentro era en la playa y la arena se levantaba, y a mí eso me molestaba y creía que no lo disfrutaríamos igual. Yo soy aire, muy aire, pero en aquel momento no conectaba ni estaba alineada con mi elemento.

No puedo encontrar palabras para describir la paz y la entrega que sentí aquel día. Reconocí cada uno de los elementos dentro de mí; los sentía: el fuego en el latido del corazón, el agua dentro de mí fluyendo con el aire, liberándome y expresando a través del movimiento, y sintiéndome enraizada a tierra desde las plantas de mis pies. Fue algo mágico, como una conversación con la naturaleza. Y en ese mismo momento lo tuve claro: hay que empezar desde la raíz. Miraba a mi alrededor y pensaba: ¿cómo vamos a escuchar al planeta si no somos capaces de escucharnos a nosotros mismos?

Sentía esa llamada a transmitir a otras mujeres lo que había sentido conectando con los elementos, cuatro energías que no solo forman parte de la naturaleza, sino también de cada una de nosotras. Es necesario escucharse para sentirse en equilibrio.

En aquel momento sentí que ya lo tenía todo, pero aún no conseguía darle forma: mujeres, naturaleza, moda, elementos… Solo faltaba ordenar todo esto en mi cabeza, darle forma, darle sentido y ver en qué se podía convertir.

Después de la ceremonia del cacao seguimos unos días más por la Costa Blanca, unos días de conectar con la naturaleza y disfrutar de mis paisajes preferidos. Iba bien acompañada, una mujer inspiradora y con personalidad, y tampoco nos conocíamos de mucho, pero yo estaba en esa etapa de conocer a otras mujeres con las que compartir y mostrar un trocito de mundo a través de mis ojos. De hecho, podríamos decir que este fue otro de los motivos que dio sentido a lo que se estaba gestando. A través de una app de viajerxs, venían mujeres a casa para conocer la terreta e intercambiar experiencias y culturas, y yo, que venía de una sensación de no querer estar aquí, de tener la sensación de que mi vida se me quedaba pequeña, de necesitar una talla más, esto me hizo bien para reconciliarme con mi origen y valorar lo bonito y la suerte que tenemos viviendo en la Comunidad Valenciana, donde en un mismo lugar puedes disfrutar del mar y la montaña, de los cuatro elementos juntos. Nuestro paraíso.

La cuestión es que estos días fueron increíbles, sin ruidos, sin exceso de estímulos, viviendo un poquito más libres y salvajes y yo, sin ser consciente, cada vez estaba un poquito más cerca de mí y de lo que sería Ēter.

Volví a casa con la necesidad de bajar a tierra todo lo vivido; literalmente, sentía mi cabeza como un sistema de engranaje que estaba dando forma a una idea, a un proyecto. Y un día, conduciendo, sentí ese clic. Recuerdo que paré para escribir y plasmar toda la información que me llegaba. Obviamente, este clic llegó después de indagar, explorar, investigar, leer y experimentar durante años.

Comunidad. Esto es lo primero que me viene. Muchas otras mujeres buscan ese sentido de pertenencia, buscan un grupo al que pertenecer, conocer gente, salir de su zona de confort y hacer cosas diferentes. Yo conocía bien esa sensación, lo estaba viviendo en primera persona y, de pronto, entendí que mi propósito era su propósito, y que ayudándolas a ellas me estaba ayudando a mí.

¿Y si creo una marca de ropa fomentando una nueva forma de producir y de consumir? ¿Y si creo comunidad a través de la moda y la naturaleza? El faro serán los cuatro elementos de la naturaleza. Yo necesitaba transmitir y compartir cómo mi conexión con cada uno de ellos me estaba aportando equilibrio y me hacía ver la vida de otra forma. Los diseños estarán inspirados en ellos, en los cuatro triángulos alquímicos que los representan. Y de aquí emana el nombre de la marca, Ēter, el quinto elemento, el alma del mundo, esa conexión invisible que une todo, la suma de fuego, agua, aire y tierra.

Estaba fascinada con la idea: cada uno de ellos, una energía que representa nuestra personalidad. Es el vínculo perfecto para conectar con la naturaleza y empatizar con el cambio que necesitamos. El cambio que necesita el ser humano, no el planeta.

Por momentos definía un poquito más cada idea; iba creciendo y enriqueciéndose. Tenía el concepto principal, una marca de ropa inspirada en los cuatro elementos de la naturaleza, y entonces llegó el momento de trabajar en el branding de la marca, en la historia. Estuve durante meses de la mano de Benedetta Broggi, que me ayudó a dar forma a nuestro manual de marca y crear nuestra identidad. Y más tarde participé en varios programas de emprendimiento que me ayudaron a definir y trabajar en nuestro modelo de negocio.