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Autor: especialistasweb

LOGOTIPO ĒTERFLY

El logotipo de ēterly nace de la unión de los cuatro triángulos alquímicos que representan los cuatro elementos de la naturaleza. Para mí era importante que formaran parte del símbolo que nos representaría. La idea inicial venía del logo en vertical, simulando la imagen de un reloj de arena, y literalmente, estando en casa dándole vueltas, vi la imagen de una mariposa. Era perfecto. Había pasado horas, días haciendo bocetos y borradores de lo que podría ser el logo, y este encajó perfectamente en lo que buscaba.

El camino que se forma en el medio de la mariposa simboliza el camino de la vida, el Ēter, el alma del mundo. Y los circulitos representan desde lo más terrenal, el planeta, hasta lo más espiritual, las personas, ambos conectados por este camino.

Muchas mujeres encuentran confort en algún punto del camino, siguiendo el protocolo de la vida, y renuncian a tejer sus alas y alzar el vuelo, renuncian a sus sueños. En Ēterfly queremos acompañar en procesos de transformación y cambios, respetando el ritmo de cada una y desde la conexión con una misma, con la naturaleza y nuestro entorno. Queremos fomentar el sentido de pertenencia.

La mariposa encarna todo lo que deseamos transmitir: transformación, ligereza, conexión y propósito. Es un arquetipo universal de metamorfosis.

Ēterfly apuesta por esa energía colectiva: mujeres que se acompañan, que sostienen, que inspiran tejiendo red en comunidad. Una sola mariposa puede parecer delicada, a pesar de sobrevivir a cambios de estaciones y tener la capacidad de volar a otro país, superando diferentes climas.

Pero una nube de mariposas es imparable; forman una masa compacta, a menudo colgándose unas de otras (ese efecto racimo de uvas). En entomología se llama bivaque: es como un refugio compartido, es reposo colectivo y protección. Y de aquí emana el nombre de nuestra membresía, un espacio para crecer y crear juntas. ¡Bienvenidas!

CEMENTERIO DE ROPA

En este blog hablamos de algo que puede incomodarnos, pero es necesario para despertar. Podría deciros que estas imágenes son del cementerio de ropa existente en el desierto de Atacama, en Chile, o en Ghana, unas imágenes lejanas que se podrían ver en un documental, pero la realidad es que es Alicante, al lado de casa.

Con estas imágenes queremos transmitir que la situación no es algo ajeno a nosotras, que no es cosa solo de otros países y que el problema es parte de todxs.

Montañas de ropa, toneladas de tejidos abandonados, probablemente prendas casi nuevas que se compraron por impulso y se han convertido en cadáveres textiles acumulados, como si la tierra pudiera digerirlos todos.

Y es que vivimos en una rueda frenética en la que se fabrica, se consume y se desecha al mismo ritmo. La industria de la moda, la fast fashion, nos ha hecho creer y normalizar estrenar prenda cada semana, como si la ropa no tuviera valor y que, si pasa de moda o ya no te la pones, la tiras y desaparece. Nada más lejos de la realidad.

Su destino será un vertedero ilegal, un paisaje de la naturaleza o la incineración. Esta desconexión con nosotras mismas, con el origen de lo que compramos, esta ansiedad por consumir, por no hacernos preguntas antes de comprar, tiene consecuencias terribles para el planeta.

Compramos para llenar vacíos, por impulsos, porque es barato, aunque sepamos que no es de calidad, sin deseo ni intención, y la respuesta está en estas imágenes.

Puede parecer contradictorio crear una marca de ropa y publicar este blog, pero es precisamente por esto por lo que creemos que es necesario que nazcan marcas como alternativa a la fast fashion, con otros ritmos y otras formas de producir, marcas con propósito y prendas de calidad, más duraderas y con significado.

No se trata de ser perfectas; nosotras siempre hablamos de sostenibilidad imperfecta. Se trata de formar parte del cambio desde dentro de nuestras posibilidades, se trata de ser un poquito más conscientes. Porque cada pequeña decisión cuenta: una sola acción no cambia el mundo, pero sí la forma en la que lo habitamos. Mirar estas imágenes duele, pero ignorarlas duele mucho más.

Storytelling CEREMONIA CACAO

Bien, el Camino de Santiago me había hecho ver que hay mucho mundo por explorar y muchas personas por descubrir fuera de nuestra zona de confort, y que otras muchas mujeres podían sentirse como yo, sentir que no encajan en su entorno y esa necesidad latente de pertenecer a un grupo. Esta fue la primera semillita: crear un espacio para que ninguna mujer se sienta sola ni se quede con las ganas de hacer planes por no tener con quién hacerlos. Aunque no tenía ni idea de cómo hacerlo, tenía esa ilusión de conocer gente y ayudar a otras mujeres, pero como un puzle sin formar, piezas sueltas que se irían ordenando con el tiempo.

Sabía de lo que hablaba porque yo estaba pasando por ese mismo proceso; al ayudarlas a ellas me ayudaría a mí. De hecho, la primera quedada fue porque yo quería hacer una ruta de agua y no tenía con quién. Lo compartí en mis redes sociales y, cuando me di cuenta, éramos unas 12 mujeres, muchas que no conocía, pero que llegaron a través de terceras personas y confiaron en mí para ser guía y vivir esta experiencia. Una experiencia increíble que me hizo sentir realizada y orgullosa al ver a otras chicas atreviéndose a salir de su zona de confort, hacer algo diferente y disfrutar rodeadas de otras mujeres que parecía que ya conocías de antes.

Por otro lado, el cortometraje de Bleu me hizo ser consciente del problema medioambiental, darme cuenta de que quería ayudar al planeta de alguna forma, concienciar a través de la moda sostenible, una alternativa a la fast fashion, a la forma de consumir y desechar la ropa.

Pero ¿Cómo podía conectar una cosa con la otra? ¿Cómo podía encontrar coherencia entre mujeres, sentido de pertenencia, ayudar al planeta, prendas sostenibles…? La industria textil es muy competente y no era cuestión de lanzar una marca de ropa sin más.

Faltaba esta pieza en el puzle y todo cobró sentido después de la ceremonia del cacao. Poco después del corto, tuve la oportunidad de conocer a Whispers y Bamboo; ella es una de esas almas que te transmiten paz y en las que ves reflejo por su conexión con la Madre Tierra. Compartimos una ceremonia de cacao, un círculo de conexión y el compartir con otras personas mientras, a través de su voz, nos guiaba durante una meditación para conectar con los cuatro elementos.

Recuerdo que hacía mucho aire. El encuentro era en la playa y la arena se levantaba, y a mí eso me molestaba y creía que no lo disfrutaríamos igual. Yo soy aire, muy aire, pero en aquel momento no conectaba ni estaba alineada con mi elemento.

No puedo encontrar palabras para describir la paz y la entrega que sentí aquel día. Reconocí cada uno de los elementos dentro de mí; los sentía: el fuego en el latido del corazón, el agua dentro de mí fluyendo con el aire, liberándome y expresando a través del movimiento, y sintiéndome enraizada a tierra desde las plantas de mis pies. Fue algo mágico, como una conversación con la naturaleza. Y en ese mismo momento lo tuve claro: hay que empezar desde la raíz. Miraba a mi alrededor y pensaba: ¿cómo vamos a escuchar al planeta si no somos capaces de escucharnos a nosotros mismos?

Sentía esa llamada a transmitir a otras mujeres lo que había sentido conectando con los elementos, cuatro energías que no solo forman parte de la naturaleza, sino también de cada una de nosotras. Es necesario escucharse para sentirse en equilibrio.

En aquel momento sentí que ya lo tenía todo, pero aún no conseguía darle forma: mujeres, naturaleza, moda, elementos… Solo faltaba ordenar todo esto en mi cabeza, darle forma, darle sentido y ver en qué se podía convertir.

Después de la ceremonia del cacao seguimos unos días más por la Costa Blanca, unos días de conectar con la naturaleza y disfrutar de mis paisajes preferidos. Iba bien acompañada, una mujer inspiradora y con personalidad, y tampoco nos conocíamos de mucho, pero yo estaba en esa etapa de conocer a otras mujeres con las que compartir y mostrar un trocito de mundo a través de mis ojos. De hecho, podríamos decir que este fue otro de los motivos que dio sentido a lo que se estaba gestando. A través de una app de viajerxs, venían mujeres a casa para conocer la terreta e intercambiar experiencias y culturas, y yo, que venía de una sensación de no querer estar aquí, de tener la sensación de que mi vida se me quedaba pequeña, de necesitar una talla más, esto me hizo bien para reconciliarme con mi origen y valorar lo bonito y la suerte que tenemos viviendo en la Comunidad Valenciana, donde en un mismo lugar puedes disfrutar del mar y la montaña, de los cuatro elementos juntos. Nuestro paraíso.

La cuestión es que estos días fueron increíbles, sin ruidos, sin exceso de estímulos, viviendo un poquito más libres y salvajes y yo, sin ser consciente, cada vez estaba un poquito más cerca de mí y de lo que sería Ēter.

Volví a casa con la necesidad de bajar a tierra todo lo vivido; literalmente, sentía mi cabeza como un sistema de engranaje que estaba dando forma a una idea, a un proyecto. Y un día, conduciendo, sentí ese clic. Recuerdo que paré para escribir y plasmar toda la información que me llegaba. Obviamente, este clic llegó después de indagar, explorar, investigar, leer y experimentar durante años.

Comunidad. Esto es lo primero que me viene. Muchas otras mujeres buscan ese sentido de pertenencia, buscan un grupo al que pertenecer, conocer gente, salir de su zona de confort y hacer cosas diferentes. Yo conocía bien esa sensación, lo estaba viviendo en primera persona y, de pronto, entendí que mi propósito era su propósito, y que ayudándolas a ellas me estaba ayudando a mí.

¿Y si creo una marca de ropa fomentando una nueva forma de producir y de consumir? ¿Y si creo comunidad a través de la moda y la naturaleza? El faro serán los cuatro elementos de la naturaleza. Yo necesitaba transmitir y compartir cómo mi conexión con cada uno de ellos me estaba aportando equilibrio y me hacía ver la vida de otra forma. Los diseños estarán inspirados en ellos, en los cuatro triángulos alquímicos que los representan. Y de aquí emana el nombre de la marca, Ēter, el quinto elemento, el alma del mundo, esa conexión invisible que une todo, la suma de fuego, agua, aire y tierra.

Estaba fascinada con la idea: cada uno de ellos, una energía que representa nuestra personalidad. Es el vínculo perfecto para conectar con la naturaleza y empatizar con el cambio que necesitamos. El cambio que necesita el ser humano, no el planeta.

Por momentos definía un poquito más cada idea; iba creciendo y enriqueciéndose. Tenía el concepto principal, una marca de ropa inspirada en los cuatro elementos de la naturaleza, y entonces llegó el momento de trabajar en el branding de la marca, en la historia. Estuve durante meses de la mano de Benedetta Broggi, que me ayudó a dar forma a nuestro manual de marca y crear nuestra identidad. Y más tarde participé en varios programas de emprendimiento que me ayudaron a definir y trabajar en nuestro modelo de negocio.

Storytelling BLEU

Desde el Camino De Santiago, durante años, estuve trabajando en mi, tomé decisiones importantes, empecé a estrechar mi círculo de amistades que aunque siempre estuvieron ahí yo sentía que ya no vibraba en la misma frecuencia y tenía intereses diferentes, yo era diferente. Empecé a pasar mucho tiempo sola, a leer mucho sobre atuayuda y psicología positiva, a hacerme preguntas y a cuestionarme muchas creencias con las que había crecido. Me atormentaba pensando y castigándome por sentir ser diferente, por no haber encontrado pareja en ese grupo de amigos o en el pueblo, por no haber seguido en un puesto de trabajo estable, por sentir esa culpa de no seguir ciertos patrones familiares, por sentirme como una rebelde inconformista, por pensar diferente y sin entender mucho porque de alguna manera tendía a salirme del sistema y querer vivir fuera de la caja.

Poco después llegó el COVID, y no necesitaba excusa para estar en esa soledad elegida, porque resulta que estar sola o en ese proceso de búsqueda es como que da vergüenza, como que no está bien visto, no estaba tan normalizado. Por lo menos no en mi entorno. Tuve momentos duros, porque no es fácil mirar hacia dentro y enfrentarte a miedos, inseguridades y barreras, las que una misma se impone y las que se encuentra impuestas por la sociedad.

Paso a paso, al mismo tiempo que yo iba evolucionando, era como si el universo me acompañara y conspirara a mi favor en forma de personas o experiencias como señales de que estaba en el camino correcto. Durante estos años conocí a personas que me enseñaron y me guiaron durante este proceso, de muchas enseñanzas era consciente al momento y de otras las comprendí con el tiempo.

 

Una de estas personas fue Rubén, lo conocí a través de otra persona que rompió muchas creencias que tenía sobre las relaciones y los vínculos con los demás y con el entorno. En aquel entonces no sólo estaba pasando por una crisis existencial, también por un bloqueo creativo y falta de autoestima. O quizás sea todo parte de lo mismo. La cuestión es que me invitó a formar parte de un cortometraje sobre el medio ambiente, y con la mera intención de ayudar dije que si.

Recuerdo la sensación que tuve al añadirme en un grupo de whatsapp con fotógrafos y videográficos tops, una actriz para el corto, un creador de contenido al que admiraba por su trabajo y su forma de vida…. La sensación fue de sentirme super pequeña y preguntarme qué podría aportar yo allí. Pero a pesar del miedo y la inseguridad este podría ser el primer fruto de todo el trabajo de esos años, el hacerlo a pesar del miedo.

En las primeras grabaciones, esa parte creativa que habita en mí ya estaba despierta, había vuelto, supongo que aveces sólo necesitas que alguien confíe en ti, o que tú confíes en ti. De repente sí que había un lugar para mí en este proyecto en el que sentirme realizada y recuperar la ilusión. El rol de cuidar, de cuidar las personas, los detalles, aportar ideas, ser resolutiva, el compromiso y el involucrarse con lo que una hace.

Después de tanto tiempo “sola”, socializando poco y con pocas personas y aunque viviendo nuevas experiencias gratificantes, pase de sentirme sola a querer estar sola, como si se me hubiese olvidado el como socializar. Me había vuelto un poquito más selecta y le daba valor a mi tiempo, a mis pensamientos y mi entorno.

Aquí me sentía bien, tenía un propósito, me rodeaba de personas que me inspiraban que me hacían crecer y de alguna manera Bleu también fue un salvavidas, porque me devolvió las ganas de crear y sobre todo me permitió descubrir mi conexión con el mar.

Está experiencía fue clave en el aspecto personal, pero tiene mucho que ver con lo que hoy es ēterfly. Formar parte de este cortometraje también me ayudó a conocer más y mejor una problemática que quizás parezca invisible a primera vista, la contaminación marina especialmente por plásticos.

Para nosotros era un simulacro en el que la protagonista llegaba a una playa llena de plásticos y residuos que cuidadosamente habíamos atado con hilo, mi función era entrar con un kayak cuidando la posición de cada plástico y protegiendo el mar, y viéndome allí fui consciente de que también pasa en la realidad, de que millones de plásticos acaban en mitad del océano y las consecuencias afectan a las vidas marinas y a su equilibrio.

Esto me llegó de tal manera que me puse a indagar, me obsesioné con recopilar información sobre cómo cuidar el medio ambiente, la problemática y soluciones posibles, como llegan los plásticos al mar, cuánto tardan en descomponerse, el ciclo de los envases, cómo funciona el sistema de reciclaje, quien hay detrás, ecoembes, greenpeace y toda esta investigación me introdujo al mundo de la sostenibilidad y nuestra huella en el planeta.

Y fue entonces cuando di con el concepto de economía circular, los pescadores recuperan residuos del mar, los depositan en contenedores, se seleccionan y reciclan el material pet obteniendo hilo para hacer tejidos.. Convierten el residuo en materia prima.

A mi este proceso me dejó fascinada, sentí admiración absoluta y no sabía cómo pero yo quería formar parte de esto, aportar algo, hacer algo grande, hacer el bien. De esta manera descubrí una marca pionera en esto, Ecoalf y también estuve indagando y leyendo sobre su fundador, sus inicios, su trayectoria y guau! Desde la admiración y la inspiración que me transmitió, vi en la moda un canal de comunicación más atractivo visualmente para transmitir y una alternativa a la forma de producir y consumir siendo la industria textil una de las más contaminantes del planeta. Una forma de agradecer al planeta todo lo que el nos brinda, una nueva forma de pensar, de vestir y en consecuencia de vivir en general.

Storytelling CAMINO DE SANTIAGO

ēterfly no nace como una idea de negocio; nace de mi propia experiencia personal, de vivencias que te transforman y, sobre todo, nace del corazón, con la intención de inspirar y acompañar procesos a otras mujeres que puedan sentirse como yo.

Como siempre digo, hay tres experiencias en concreto que plasman la raíz de este proyecto, que me cambiaron para siempre y fueron el origen de lo que, a día de hoy, es ēterfly.

Hacía tiempo que quería hacerlo, pero lo típico, que esperando a que alguien se apuntara, lo iba postergando. En esos momentos tenía un negocio que no funcionaba del todo bien, había pasado por una ruptura sentimental y mis amigas empezaban a casarse y a tener hijos, mientras yo me sentía sola, diferente; sentía que no encajaba en ningún lugar y que necesitaba una talla más de vida.

Precisamente por eso, porque me sentía sola y perdida, decidí coger mi mochila e irme a hacer el Camino de Santiago en solitario en búsqueda de respuestas.

Recuerdo que vinieron mis padres a despedirme a la estación, y se sentía como si me fuera a la otra punta del mundo: mi primer viaje sola y una madre que, desde el amor, cree que mi seguridad y felicidad se basan en estar cuidada, cerca y con un trabajo estable. Pero la vida tenía otros planes para mí. Llegué a Madrid con mi mochila de 30 litros; recuerdo que me sentía súper pequeña y llena de dudas y de ilusión por igual. Iniciaba mi viaje.

Aún no había salido de Madrid y ya me sentía un poco más libre. De camino hacia Sarria ya había conocido varias historias que hacían de espejo y que, sin duda, llegaron con algún que otro aprendizaje. No estaba sola. Había más mujeres viajando solas, que se podían sentir como yo en algún aspecto de su vida y que también buscaban respuestas y ese sentido de pertenencia.

A lo largo del camino, sentía cómo partes de mí se iban rompiendo. Sin teléfono, sin juicios, caminaba cada etapa despierta, atenta a cada señal, cada mensaje y cada persona.

Encontré refugio en la naturaleza; ella era mi maestra. Me invitaba a parar, a respirar, a escucharme. Me hacía sentir que era parte del todo, que no se trataba de encontrar mi lugar en el mundo, sino de encontrar mi lugar en mí.

Aquí se despertaron otras muchas emociones. Al acabar el camino y llegar a Santiago, empezó mi verdadero camino. Algo había cambiado y comenzó un viaje hacia dentro, de introspección: mi metamorfosis.

Esta experiencia me enseñó que hay mucho mundo y muchas personas por descubrir fuera de la zona de confort; que no estaba sola, que hay muchas mujeres que se sentían como yo, que tenían esa necesidad de sentirse sostenidas; que no tenemos por qué conformarnos con algo que no nos hace felices; que hay muchas oportunidades esperándonos y que somos muchas ovejas negras que, como yo, andaban en busca de su lugar, de saber quiénes eran.

Por otra parte, puse en valor todo lo que tenía, lo cotidiano, y me preguntaba —y me frustraba al mismo tiempo— por qué, teniéndolo “todo”, no me sentía feliz. Había estado días viviendo con lo que cabe en una mochila de 30 litros, nada innecesario ni de capricho, la ropa justa… ligera de equipaje y sin muchas comodidades que quizá tenía en el día a día y, sin embargo, me sentía más rica, más yo. Al volver a casa, empecé a sentir ansiedad al mirar mi armario y ver tanta ropa, tantos espacios con cosas, tanto ruido e información, tantos estímulos. Obvio, yo aún no estaba preparada para darle nombre a esto ni para ser consciente de lo que estaba pasando, pero algo en mí ya había cambiado.

Volví a casa con la mochila llena de aprendizajes, de personas y nuevas sensaciones; una llamada al cambio, al crecimiento personal y a la creencia de que no estaba aquí para encajar ni para cumplir con las expectativas de otras personas. La creencia de que vivir de otra manera era posible, vivir más lento, vivir desde la esencia.

Y así es como empieza una nueva etapa en mi camino de vida: un viaje hacia dentro, respetando el proceso y mi propio ritmo, aunque no sea ni cómodo ni fácil.